lunes, 7 de marzo de 2016

El Ritual



Cada tarde el ritual se repite,
la palangana de agua tibia
que moja sus cuerpos arrugados,
que aleja apenas el olor a viejo
con jabón barato acostumbrado.
El mate listo sobre la mesa,
las sillas desgajadas frente a la casa,
se sientan en silencio mirando la calle
mientras el tiempo se escapa sin escucharles.
mientras la muerte se les acerca sin mirarles.
Cada tarde el ritual continua
y la vida se va muriendo
entre mates y palanganas de agua tibia
porque el tiempo se les ha escapado
ya no queda tiempo, porque ya se ha terminado.
Liliana Robles

El Paraiso



El Paraíso

En mi tierra existen

Tacurús negros, desparramados y caprichosos

llenos de pichanas torrentosas

que cobijan téros y pacaás gritones

gramillas verdes, que se escurren hacia el todo

lleno de tajamares que olvidan sequías y cobijan camalotes.

Montecitos esparcidos, que se juntan a lo lejos

algarrobos y ceibos que se mezclan sin sentido

con tálas espinosas y tacuarales tupidos

que ocultan y descubren

Tatúes en huecos escondidos

que escapan de zorros y comadrejas divertidas,

Cuís que se espantan de iguanas calientes y aguará popés

Carpinchos en bandadas que nadan distraídos

y yacarés enormes que los miran sin ojos.

Tierra caliente, de sol y de sombras

de cuquitos y guapoós dulces,

de montes y pájaros juguetones

de carayás ruidosos y crispínes llorones

Tierra de agua y de tuyuyús

que visten de blanco los horizontes

donde el estero vive cerca de los lobizones.
Liliana Robles

domingo, 21 de febrero de 2016

El claro del olvido

Creo que en todo el mundo existen lugares como este, lugares olvidados con el tiempo y hasta desterrados de nuestra memoria.

El claro del olvido.

En el claro después de la curva,

donde el monte se prohibió avanzar,

viven las almas de los que se han ido

de los que se negaron a continuar.

Las cruces acostadas, rotas y carcomidas

se esparcen, se mezclan, se olvidan

ya no hay nadie quien las recuerde

porque dicen que también ha muerto, el que las cuida.

Tumbas sin nombres, vidas perdidas

recuerdos de nada y de todo lo que era vida

con cruces podridas, tiradas esparcidas

como las almas perdidas que allí habitan.

Almas que alguna vez, fueron sangre y carne

que sudaron en busca de esperanza

debajo de un sol ardiente de pobreza

que se saciaron en cosechas bien paridas.

Después de la curva, en el claro

  descansan las ánimas de mi tierra

 allí donde el monte no quiso llegar

 tal vez por miedo o deseo de no recordar.
Liliana Robles

El Dueño



El Dueño

Se hace dueño de las madrugadas
porque así se lo han enseñado,
con el mate del pobre, de yerba resecada.
Se siente heredero de su estirpe,
porque la sangre se lo ha gritado
con un machete ajado, con los pies descalzos.
Se vuelve  dueño del monte
porque su alma allí ha nacido
donde el algarrobo anida a las abejas,
los cocos rebosan de cotorras
y la luz mala se esconde cuando es luna llena.
Se vuelve dueño del monte,
porque allí ha nacido, porque su sangre se lo ha contado
cada madrugada, cuando aún no amanece
pero su alma ya ha despertado.
Liliana Robles

Ñangapiry



Hoy un sentimiento guardado en cosas pequeñas-

Ñangapiry

Hojas verdes, repletas de carne

inundadas de aguas perfumadas,

que embriagan mi memoria

con aromas colmadas de infancia.

Hojas brillantes de tiernas remembranzas,

que anidan mas allá de la picada

donde el monte las esconde como tesoro

de tiempos primogénitos nunca pasados.

Hojas tiernas, nido de frutos

colorados, como la sangre de mi gente

dulce y ácida como sus vidas

que transitan en el abandono del presente,

Hojas de Ñangapiry que no olvido

en el destiempo del ava ñeé

que me llaman en sueños y me gritan en este destierro

en la memoria, de todo aquello que fue.
Liliana Robles.

Ñangapiry (Eugenia uniflora):  o, capulí, pitanga, grosella o cereza de Cayena es un árbol pequeño o arbusto neotropical de la familia de las mirtáceas, se encuentra de forma silvestre en las selvas de galería tropicales desde las Guyanas pasando por: Argentina, Brasil, Paraguay. El fruto es una baya oblada, , que vira del verde al naranja y el púrpura profundo a medida que madura.
Avá Ñeé (Guaraní): “La palabra del hombre”, nos permite entrar en el mundo guaraní.